¡Un nuevo capítulo todos los martes y viernes!

sábado, 30 de junio de 2012

4 - Esperanzas

Por un momento estuvo confundido cuando el zumbido del monitor se encendió… antes de darse cuenta de que los pequeños receptores de pulso que habían sido colocados en las puntas de sus dedos habían caído y, por supuesto, no estaba recibiendo pulso.
El doctor, rápidamente, los volvió a colocar en su sitio. Seguidamente, con un gran suspiro de alivio, alcanzó y apagó la máquina antes de que le diera dolor de cabeza y miró a la joven mientras abría los ojos lentamente.

- ¿Recuerdas quién soy? – preguntó el doctor. – Está bien, seguramente no recordarás quien soy, es normal. No te preocupes dentro de unos instantes lo recordarás todo. Yo me voy, pero en seguida vendrá una enfermera a cuidarte que estará constantemente vigilándote. –dijo dirigiéndose hacia la puerta.

- Sí que recuerdo quien eres. Eres ese chico que me confundió con esa enfermera. –

- Soy tu doctor. – dijo. -

- ¡Mierda! ¿Cuánto tiempo he estado dormida? – preguntó ella.


- Dos días, pero no te preocupes. Volveré más tarde. –

De ninguna manera se quedaría estirada allí durante horas, tenía osas que hacer. Gente a quien llamar, clases de universidad por atender… Izzie esperó unos minutos y luego salió de su habitación imitando a los espías que salen en las películas de acción. Como su fuera un ninja. Se dirigió a una sala donde no había nadie. En una esquina había una máquina de refrescos. Ella introdujo unas monedas y pulsó algún botón haciendo que saliera, por debajo, una lata de refresco de fresa. Ella quedó algunos minutos pensando i mirando por la ventana.

- Pensaba que te había dicho que te quedases en tu habitación… - la sorprendió ese doctor.

- No, no me lo has dicho, sólo recuerdo que insultaste el color de mi pelo… - dijo ella sarcásticamente.

- Definitivamente tienes amnesia. – respondió él con el mismo tono.

- ¿Seguro que eres doctor? ¿Qué edad tienes? – preguntó ella inquieta.

- Es de mala educación preguntar la edad a la gente. –

- También es de mala educación confundir a una persona y reírse de su pelo. – le recordó ella de nuevo. – Así pues, ¿tienes cincuenta años y todo esto es obra de la cirugía plástica? –

- Mi rostro es natural. – respondió él.

- ¿Y cuántos años tienes? – preguntó de nuevo.

- Veinte. – dijo de golpe

- Sí ya, y yo soy la Mona Lisa…. – dijo riéndose de él.

- Difícil de creer pero es la verdad, venga tienes que volver a tu habitación. – respondió mientras prácticamente la arrastraba hacia su habitación.

Habitación 1408. Entraron y ella se dirigió al espejo.

- ¿Te gusta lo que ves? – le preguntó el doctor.

- Sí, me encanta como me queda esta vestido sin forma. – vaciló ella. - ¿Cuándo podré llevar mi ropa 
normal? –preguntó seguidamente.

- Cuando dejes de entrar y salir de los comas. – respondió.

Seguidamente se dispuso a hacerle un seguido de pruebas y después se dirigió a la puerta diciéndole a Izzie que volvería mañana.

En salir de la puerta, ella dejó pasar unos segundos y luego le siguió hasta un despacho donde había también otro doctor de ojos azules y bastante atractivo. Después de hacer algunas pruebas con un microscopio se levantó i exclamó:

- Eh, Shepherd ¡¿Soy un genio o soy un genio?! – dirigiéndose al otro doctor.

- ¿Porqué? ¿Has encontrado la cura para el virus de esa paciente? –

- Puede que sí. - 

jueves, 28 de junio de 2012

3 - Destrozos

- ¡Doctor Karev! – oyó Izzie desde su habitación, era una voz de hombre que le pareció bastante mayor.


- Dime jefe. – respondió el doctor.


- Ya sabes que me queda poco tiempo en este hospital, ¿pensaste en lo que te comenté? – contestó el hombre con voz de hombre mayor, que parecía que era el jefe de su doctor.

- Sí… pero no me veo preparado… - hizo una pausa, miró la sala y continuó hablando cambiando de tema. 


- ¿Qué le pasa a esta chica? – dijo sorprendido.

- Se llama Isobel Stevens, la ingresaron esta mañana. Tiene una enfermedad que desconocemos, de vez en cuando entra en comas cortos, aun que cada vez que aparecen más rápido y duran más. – dijo ese hombre con un tono muy serio.

- Que pena, espero que se recupere y que pueda marchar de este lugar pronto. –

Poco a poco, Izzie, se dio cuenta de que todo lo que estaba oyendo no era un sueño, sino que era la vida real. Sí, estaba en coma, y lo podía oír todo.
Notó que tres personas entraban en la habitación. Oyó a su madre, así que seguramente que Mark iba con ella, pero no pudo reconocer a esa tercera persona. Justo entrar hubo un silencio un poco largo. Luego Mark dijo algunas palabras pero no tuvo respuesta de nadie, hablaba con Izzie, él creía que estaba durmiendo.

- Disculpen, ¿ustedes son los padres de la chica? – interrumpió un doctor.

- Sí, ¿ha pasado algo? – respondió la madre.

- Me gustaría hablar con ustedes, ¿podríais salir un momento? El niño puede quedarse aquí. – dijo con un 
tono indeciso pero serio.

Los padres de Izzie salieron de la habitación para hablar con ese doctor.

- Sabéis que a su hija le hicieron una prueba de sangre para analizarla, ¿verdad? – dijo el doctor.

- Sí. – contestó la madre.

- Acabo de recibir los resultados y no son buenos. – dijo el doctor, desconfiado.

No hubo respuesta, así que continuó hablando.

- Isobel tiene un virus… que se expandirá por todo el cuerpo, todos sus sistemas quedarán infestados de 
ese virus y también afectará a las células de los músculos dañando su cuerpo en menos de un mes, veinte y ocho días, aproximadamente. – dijo el doctor Karev.

- ¿Qué significa esto? – dijo la madre con tono preocupado.

- Que le quedan veinte y ocho días de vida. – respondió él.

- No puede ser, es imposible. ¿Quién es usted para decir esto? – dijo medio gritando.

- Soy doctor. – le respondió enfadado.

No pasó ni medio segundo después de que saltaran las lágrimas, el doctor se fue, ya que sentía que le estaban culpando del estado de su hija.
Tan pronto les dieron esa noticia, cogieron a Mark y se marcharon a casa pensando en como le explicarían eso a un niño que aún no tenía cerebro para entender ciertas cosas. Izzie se quedó sola el resto del día.

~~~

Al día siguiente el doctor entró en la habitación, hacía bastante calor allí dentro, pero entró un golpe de aire que le refrescó la cara a Izzie. El doctor vino muy pronto, seguramente no pasaba de las ocho de la mañana. Tocó algunos botones de esas maquinas mientras murmuraba:

- Ritmo del corazón… normal, presión sanguínea… normal. –

Todo eso era normal, menos el hecho de que esa chica estuviera en coma. Eso no era normal.
Una vez hecho esto, el doctor se fijó en la mesita que había al lado de la paciente. Observó la serie de obsequios  que había y se acercó.  Cogió algo, hacía un pequeño ruido y parecía que desenvolviera algo. Seguramente sería un bombón o un caramelo. De pronto se oyó un ruido en el monitor. La pantalla marcaba una línea verde y totalmente recta. El ruido era algo parecido a un “tiiiiiiiiiiiiiiii”. El doctor, espantado, apagó la maquina dispuesto a utilizar la reanimación cardiopulmonar si hacía falta.



miércoles, 27 de junio de 2012

2 - Primeras impresiones


Izzie tenía un dolor de cabeza muy intenso cuando despertó, a parte de esa sensación de haber estado de fiesta, se sentía bien. Poco a poco, iba incorporándose, cosa que le hizo dar cuenta de que tenía alguna cosa en la nariz y el cuello le dolía.

De pronto, apareció el rostro de su madre y, más tarde el de una mujer. Esta le hizo algunas preguntas:

- ¿Recuerdas lo que te ha pasado? –

Ella quería contestar, pero en abrir la boca fue como si le estallara la gola. Fue como si su estomago se hubiera incrustad en el cuello y no la dejara hablar. La mujer sonrió y le dijo que no hiciera esfuerzos.

- Te llamas Isobel y estas en el hospital porque has tenido un pequeño accidente. – dijo la mujer mientras Izzie se daba cuenta de que era una enfermera.

Ella le hizo un par de preguntas más pero al ver que Izzie era incapaz de hablar, tiró la toalla.

- Tu hermano nos ha dicho que estabas en el jardín y que te picó una abeja, y que fue luego cuando caíste al suelo. –

Dicho esto, Izzie ya no notaba el cuello tan dolorido y pudo pronunciar algunas palabras. La enfermera aprovechó para preguntarle si era la primera vez que le picaba una abeja.

- Sí, pero no como esta. – respondió ella con voz débil.

De pronto apareció un medico, que le dijo que había estado en coma durante unos minutos y que tenía que ir a ver un médico en el Seattle Grace.
Los padres de Izzie la llevaron a ese hospital llenos de miedo, ya que si la llevaban a otro hospital quería decir que podía ser que su hija tuviera algo grave.

Todo aquello tenía que pasar en ese preciso momento, justo el día en que Izzie tenía previsto mudarse, ella perdió el tren por culpa de una simple abeja.

Finalmente, llevaron a Izzie al otro hospital y la ingresaron en una habitaciones de ese inmenso hospital. Al cabo de unos minutos, cuando ya todos estaban en calma e Izzie estaba sola en la habitación vinieron dos enfermeras a quitarle sangre. Después de quitarle cuatro jeringas de sangre marcharon contentas y con una sonrisa en la cara y, al cabo de pocos segundos empezó a sentirse muy, muy débil.
Pasado un cuarto de hora, la enfermera volvió.

- Hola Isobel, ¿Te encuentras mejor? ¿Necesitas alguna cosa? –

Su respuesta no fue nada más que cerrar los ojos y caer en coma. Esto fue pasando a lo largo de la tarde, sucesivamente, i los doctores les dijeron a sus padres que podían volver a casa, ya que su hija estaba segura aquí.
Todos los familiares volvieron a sus respectivas casas. Ella se quedó sola en el hospital. Por la noche la dejaron salir por los pasillos. Lo primero que se le ocurrió fue ir a la cafetería. Fue allí donde un doctor le dirigió la palabra:

- ¿Ahí va, te has teñido?, ¡qué cambio de color! –

- ¿Qué? – respondió Izzie desconcertada.

- Te favorece el rubio, creo. – dijo él.

- Puede que te hayas confundido de persona… - le dijo ella cuando alguien la interrumpió.

- Alex, ¿Qué haces aún aquí? ¿No tenías descanso? – dijo una mujer dirigiéndose al doctor, que por la ropa que llevaba, Izzie dedujo que era una enfermera del hospital.

El doctor quedó parado de la similitud que había entre Izzie y esa enfermera, que por lo que tenía entendido ella se llamaba Lexie. Al cabo de pocos segundos otra enfermera la hizo volver a su habitación. Así que se despidió sin más ni menos y se fue.

1 - Abejas en invierno


- ¿Qué haría si no te hubiera conocido…? –

Frases como esta eran un ejemplo de lo que se decían la pareja que tenia a tan sólo unos metros de ella. Era una pareja de enamorados que hacía tiempo que no se veían, o eso era lo que parecía a simple vista.

- ¡Izzie! Haz alguna cosa útil, ¿no? –

Oyó gritar a su madre, mientras los hombres entraban y salían de casa cargados de cajas. Izzie se mudaba en pocas horas. El camión había llegado muy tarde para transportar sus cosas a un pequeño apartamento cerca de la universidad. Estaba dejando su casa, seguramente, ya era hora, ella ya se había hecho mayor. Probablemente, tan sólo volvería de vacaciones para ver a su familia i poco más. Tenía la vida bastante clara, lo tenía todo planeado, iría a la universidad, se sacaría el graduado, empezaría a trabajar, tendría un vida nueva, un marido y después hijos. Luego se tendrían que mudar a una casa más grande, ya que en una de pequeña no cabrían todos. Sí, tenía planeado tener cuatro hijos.

De pronto, oyó un fuerte estrepito, Izzie dirigió su mirada hacia donde procedió el ruido. Elemental, a uno de los trabajadores le cayó una de las cajas. Ella no le hizo caso y, de todas formas se levantó, dejando la pareja de enamorados y mirando alrededor para ver donde estaba Mark. No le pareció extraño que no estuviera, así que entró en la casa y  se dirigió a su cuarto, donde sabía que lo tendría que despegar de la pantalla del ordenador para que pudiera pasar las últimas horas con su hermana, antes de irse de casa. Pero al entrar al cuarto no había nadie. Miró en varios sitios de la casa, pero no hubo éxito. Estaba segura de que estaba escondido en alguna parte para no ayudar con las cajas.

Ya hacía tres cuartos de hora que Mark aún no había aparecido. A Izzie se le ocurrió la absurda idea de mirar si estaba en el jardín, aun que él no iba nunca ahí porque decía que estaba lleno de abejas. Pero allí no estaba, así que Izzie se apoyó al árbol viejo, siempre que tenía algún problema iba allí cuando era más pequeña.




-¿Hablando sola otra vez? – dijo Mark apareciendo de la nada.

- ¿Dónde te habías metido? – le respondió sorprendida.

- Nada… caminando por aquí… – le dijo excusándose.

- Sabes que me marcho en un par de horas, ¿no? – le recordó su hermana.

- Como si no lo supiera suficientemente… – dijo sarcásticamente.

- ¿Te pasa algo? – le preguntó ella preocupada.

- No  – sólo fue capaz de contestar con una palabra.


Se produjo un silencio, un silencio largo e incomodo.

- Dejarás tu vida, irás a vivir en un lugar extraño, rodeada de gente extraña que no conoces. I prácticamente, estarás siempre trabajando. ¿I harás amigos en poco tiempo? –

Izzie se quedo parada de la velocidad con la que pronunció todas esas palabras, no sabía que alguien como Mark pudiera sacar todas esas conclusiones. Pero él no estaba preocupara por lo que haría su hermana, sino por lo que haría él cuando fuera su turno.

- Mark… allí, cada día será una vida para mí. Todos los alumnos serán nuevos en la universidad. Todos serán amables i nos apoyaremos. Allí me sentiré como en casa. – dijo mirando de tranquilizarle. Él asintió con la cabeza con una sonrisa y ella le preguntó. – Qué, ¿ahora ayudarás a empaquetar? – la sonrisa le desapareció de pronto de la cara. – Lo decía de broma, pero podrías estar con el resto del comité de despedida. –

En aquel momento una abeja picó a Izzie en el cuello. Sí, una abeja, ya era demasiado extraño que estuviera allí en pleno invierno. Pero Izzie no le dio importancia, así que siguió hablando con Mark. Pero de pronto comenzó a sentir mucho calor, un calor sofocante. La visión, poco a poco, se iba oscureciendo.

- Mark… llama… llama… a mamá… – fue lo que pudo decir antes de que la negrura invadiera completamente y cayera al suelo desplomada.