¡Un nuevo capítulo todos los martes y viernes!

domingo, 8 de julio de 2012

7 - Perdida y encontrada

- ¡Karev! – gritó una enfermera.

Alex estremeció los puños y se giró con una sonrisa forzada.

- ¿Qué pasa querida? – dijo

- Isobel ha escapado, otra vez, doctor. –

Alex se dirigió a recepción en busca de Lexie, pero no estaba. En su lugar había el cirujano Derek Shepherd.

- ¿Dónde demonios está Lexie? – dijo enfurecido.

- No lo sé, no tengo pacientes y vine aquí porque no tengo nada más que hacer… - contestó.

- ¿Dejaste tu salir a Isobel? – preguntó.

- Por supuesto, me dijo que tú la dejabas salir. – dijo el cirujano un poco inquieto.

- ¿Y te la has creído? ¡Ogh! Llama a su familia, comprueba si está en casa, y si no, llama a la policía. – ordenó seriamente Alex.

- Hola, llamo del hospital. ¿Isobel está en su casa? – Derek se desvaneció – De acuerdo, no sabía que ustedes no lo sabían… - y colgó el teléfono de repente.

El doctor Karev puso sus manos en los bolsillos de la bata.

- ¡Oh no! – exclamó.

Su monedero no estaba. En ese mismo instante tuvo el presentimiento de que le habían robado el coche. Corrió rápidamente hacia los parkings, pero no, el coche no estaba allí. Tenía que ir tan rápido como pudiese a su casa, corría el riego que le robasen allí también, asi que cogió un bus.

~~~

Una vez llegó a su bloque de pisos, se encontró a puerta del portal abierta y entró. Subió las escaleras tan rápido como pudo, olvidándose de que había ascensor. Al llegar a su puerta, cogió una aguja del bolsillo e intentó abrir la puerta. Todo seguía como siempre, no había cambiado nada. Aún había las cajas y el armario. Todo seguía en su sitio. Hasta que oyó la televisión, se detuvo en seco. Caminó hacia la sala de estar poco a poco. Nervioso por lo que se podía encontrar allí.

- ¡Te tomaste tu tiempo! –

- Lo siento, he salido tarde del hospital. – dijo el doctor – ¡Pero qué demonios estoy diciendo! – reaccionó.

- Pensaba que eras un intruso. –

- ¡Vivo aquí! – explotó.

- Ya lo sé. ¿Sabes que no deberías inclinarte tanto para revisarme el pulso? Puede caer cualquier cosa de tu bolsillo… -

- ¿Tienes idea de lo preocupado que están todos?- pausó unos instantes mientras revisaba si ella estaba bien

- Supongo que no quieres hablar… - encogió.

- ¡Supones bien! –

- No, porque si no quisieras hablar hubieras ido a cualquier otro sitio. De todos los sitios donde podías ir con mi dinero y mi coche, escogiste mi casa. –

- ¿Dónde guardas el café? –dijo ella dirigiéndose a la cocina.

- No bebo café. –

- ¿Te? –

- Tampoco.

- ¿Te acabas de mudar? – preguntó.

- Sí, hará un mes… -

Él marchó un momento a revisar su cuarto. Al volver vió como tiraba el control a distancia de la televisión al suelo.

- Realmente me odias ¿verdad? – dijo mientras se sentaba en el sofá.

- No me gustan estos programas de televisión con karaoke y canciones navideñas. –

- Mañana por la mañana te levantarás a las siete y volveremos al hospital. –

- No, nosotros, no. – respondió Izzie corrigiéndole.

- ¿Piensas que puedes detenerme si quiero ir allí? – advirtió él.

Ella se giró y le miró, ahora si se veía lo joven que era ese doctor.

- Soy más fuerte de lo que parezco. –

- Tienes que volver, no pienso dejar que una joven se quede en mi casa, tendría que pagar el doble. Además tu familia te echa de menos. Hace días que no hablas con ellos. –

- ¿Y por qué debería hacerlo? No hacen más que mirarme y sonreír forzadamente. Me ven como si ya estuviera muerta. – dijo la chica cruzando los brazos.

Hubo unos segundos de silencio.

- ¿Por qué los odias? – preguntó de repente.

- No los odio exactamente. Yo… - intentaba buscar alguna excusa para aislarse del tema – No lo sé… -

- Izzie, no les dejes antes de morir - Dijo suavemente.

Ella se hundió y se echó a llorar. Alex se paralizó del horror, no quería hacerla llorar. Entonces se levantó y la miró a los ojos.

- No tienes que llorar, no es culpa tuya. –


- ¡Si lo es! – gimió – Estoy siendo estúpida y burra y culpo a mi familia… -

- Es comprensible. – intentó calmarla.

- ¡No lo es! Soy buena persona. ¡Amo a mi familia y deseo que todo vuelva a ser como antes! ¡Déjame volver a casa! – gritó.

- No puedes marcharte, tienes un virus nuevo. Podrías infectar a otras personas… - suspiró.

- Quiero mi vida de vuelta… - dijo ella más calmada. De pronto se reclinó contra él.

Tras unos momentos incómodos, Alex puso los brazos sobre los hombros de la chica, cuando ella empezaba a llorar más fuerte.

- Está bien, no llores. – dijo lleno de compasión.

- Lo siento… tu camisa… -

- No importa. – contestó tapidamente.

- Realmente siento hacerte las cosas tan difíciles… -

- Deja de disculparte, no es culpa tuya. – dijo él.

- ¿Puedo pasar aquí la noche? – preguntó agotada de tanto llorar, aun que sabía cual iba a ser su respuesta.

Él sólo tuvo fuerzas para asentir con la cabeza y se apoyó esperando que se durmiera para ir a dormir a su cama. Pero estaba muy cansado después de aquel horrible día y se durmió antes que ella. Izzie sonrió levemente cuando su cabeza rodó a un lado.

Se reclinó contra su hombro y se durmió.

2 comentarios:

  1. Wow que dramático me gusta de verdad siento feo que ella valla a morir pero ps así es no
    y el texto yo lo hice espero te guste

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  2. Holaa!! Vi un comentario en mi blog y decidí pasarme por el tuyo. Me encanta la historia aunque está entrada da un poco de pena, aun así está genial! Ya te sigo! Pásate por mi blog y sigueme si quieres! http://laspalabrasinocentes.blogspot.com.es/

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Cada uno de vuestros comentarios me saca una sonrisa :)